El papel de la mujer en el teatro
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El papel de la mujer en el teatro

15 Octubre 2018, 12:13 pm Written by 

Patricia Orantes Córdova, y Evelyn Price, directoras y actrices de teatro del Laboratorio Teatral de Artes Landívar, han sido invitadas al XXII Encuentro de Mujeres de Iberoamérica en las artes escénicas y en los actos: XII Encuentro de investigación teatral "Cruce de criterios", "Foro de creadores" y a la presentación de publicaciones y ediciones teatrales. Estas actividades se llevarán a cabo dentro del marco de la 33 edición del Festival Iberoamericano de Teatro en Cádiz, España. Estarán representando a la Universidad Rafael Landívar y al movimiento teatral del país del 18 al 28 de octubre y, en alusión a dicho encuentro, las autoras comparten su reflexión sobre el papel de la mujer en el teatro.

Evelyn Price nos comparte su opinión:

Entonces me siento sola, en medio del escenario, me siento y me levanto, también me levanto sola. Sola, la mejor manera de estar, en medio del escenario, para poder hablar. Sola, porque nadie me va a censurar. Sus visiones no me van a nublar, la visión del no, no, no, no, no me voy a callar, estoy aquí en medio del escenario y hago teatro.

Hago teatro porque haciéndolo me siento libre, porque ahí puedo hablar sin interrupciones, levantar la voz, gritar. Hago teatro para que mi cuerpo deje de ser objeto y convertirlo en instrumento. Hago teatro y lo deshago, lo creo mientras me creo, mientras me digo la verdad, mientras me invento la verdad y me invento a mí misma una y otra vez. Lo hago para hablar, hablar, hablar, para compensar, por todas las veces que me quede callada y por todas las voces que callaron, lo hago y lo deshago, me encuentro conmigo, y me encuentro con todas, les presto mi cuerpo y mi voz para hablar, hablar, hablar.

Hago teatro porque me hace más fuerte, lo hago con fuerza, para llenar el vacío, el escenario vacío, las cabezas vacías, los lugares vacíos. Lo hago por subversión, para contar mi versión de la historia, para hablar de la memoria, hablar, hablar, hablar. Lo hago mientras espero, para aprender a esperar, para cambiar las cosas mientras espero que cambien, para ser lo que quiero ser, para contar la historia de alguien, para soltar lo que me atormenta, para sentirme viva mientras sigo viva.
El teatro me mantiene viva, el teatro me hace, nos hace muy bien, nos hace y deshace. Hago teatro para encontrar lo perdido, para hablar con los desaparecidos, para que aparezcan. Hago teatro porque aprendí a hacerlo para aprender, lo hago para ser, para estar, para hablar, hablar, hablar. Hago teatro porque no puedo quedarme callada, porque tengo que contestar, porque quiero hablar, hablar, hablar.

Por otro lado, tenemos el punto de vista de Patricia Orantes:

Mi experiencia en el Teatro comunitario fue de cinco años en Santa María de Jesús y San Juan del Obispo, de donde salí transformada y convencida de la necesidad de replantear nuestras relaciones desde los gestos más mínimos. Allí observé cosas necesarias para el teatro y la vida (iba a decir aprendí, pero ese es un largo camino): saludar a todos, si uno no come los demás no comemos, no dejar a nadie atrás en el camino, escuchar más que hablar, descubrí en los actores el valor del silencio y de mirar al otro. El de estar siempre alertas porque siempre lo han estado ante la adversidad. La propiedad de las obras no existe, son de la comunidad, son de todos. Y por lo tanto el Ego, ese enemigo del teatro, está en su lugar. Y toda la teoría y la técnica para actuar relajados y tener presencia está ahí, se hace carne en las actrices y actores porque el teatro tiene otro sentido, el de la comunidad. Y allí se me viene Shakespeare con su frase: Los actores somos el compendio de la historia.

Y veo la caída de un teatro centralizado con sus relaciones de poder verticales, insanas y frustrantes. Y veo por supuesto la continuidad y la imitación de la escena de Broadway, del teatro racista y chistoso, del costumbrismo y el folklor que maquillan las visiones del poder. Veo la masividad del público que quiere seguir viendo lo que ve en el televisor y en las revistas. Pero el teatro nunca fue masivo, me digo. Y me ganan las minorías que son las voces de las mayorías en esos otros teatros que respiran y viven mejor, con su conciencia que duele, pero también con su claridad, ya sea en una plaza, en una bodega, en una calle o en una sala de teatro, porque de alguna manera han salido de la prisión del arte colonizado y se encaminan hacia la libertad creadora.

 

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