Las metas y la espera para vivir el Adviento
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Las metas y la espera para vivir el Adviento

26 Noviembre 2018, 7:01 pm Written by 

Estos últimos días de universidad, antes de Navidad, se convierten en experiencias de “metas”. Para muchos, de metas celebradas con “birretes”: la graduación “esperada” se convierte en graduación “realizada” …: algo así como la “meta final” de la vuelta ciclística.

Para otros, son metas de “etapas” alcanzadas a lo largo de la “carrera” … desde unas y otras, el ambiente general sabe a “meta”.

Y ¡qué bueno! ¿verdad? sin “metas” la vida sería tan aburrida que ni siquiera merecería la pena. Este “rosario de metas” nos hace sentirnos seres “meta-dirigidos”. Las metas nos sostienen y nos hacen caminar adelante… sacan nuestro caminar del estilo del “vagabundo” y lo ponen en línea con el estilo del “peregrino”. Al vagabundo y al peregrino no los distinguen sus pasos (los dos los dan en abundancia…, a veces, hasta el cansancio); los distingue la “meta”. Su ausencia hace del vagabundo un des-nortado; su presencia hace del peregrino un caminante.

Pero, ¡atención! no dejarnos confundir. Ninguna meta alcanzada nos hace ya seres “completos”. Toda meta, hermosa y estimulante, nunca cierra la “esperanza”. A bote pronto, de alcanzar otras que sean aún mayores que las ya conseguidas… y a golpe de interioridad, de ir anhelando la meta. Así, con mayúscula.

Por eso, no está reñido celebrar un Adviento y volver, así, a avivar la esperanza en un tiempo emotivamente marcado por la alegría de las metas alcanzadas… Más aún, es el tiempo más propicio para poder anhelar la meta, que se nos da a pregustar en las metas reales que vamos poco a poco alcanzando.

Por eso, los primeros domingos de Adviento son de esperanza “actual”: la experiencia de las metas (tan reales, que nos sostienen) abren el corazón a la meta que, desde la otra ladera, nos reclama no como algo o alguien ajeno que se me ofrece para distraerme, sino como alguien tan de adentro que se convierte en el “eje” de toda mi vivencia de metas reales alcanzadas. Por eso, puedo decir con San Agustín: “me hiciste, Señor, para ti y mi corazón anda inquieto hasta que descanse en ti…” Y así, cuando más gozo “mis metas” más me entreno en la esperanza de poder alcanzar la meta ¡Qué absurdo sería para un ser “meta-dirigido” que, al final de la carrera se encontrara con que le han quitado la meta, a pesar de haber ido ganando tantas “metas volantes…”

El Adviento es la seguridad de que hay esperanza de meta final, porque Alguien – Jesús, nacido en Belén – la propuso para todos, poniendo el final de la carrera como apertura de mi vida al sentido. Porque tienen sentido mis metas volantes…, porque me hacen gozar…, porque me hacen festejar…, tiene sentido la meta final que espero como verdadera llegada al gozo más grande de una vida “lograda”: aquella que se me dio y la he merecido, dándola. Recuérdalo en este Adviento: porque la vida tiene metas, saca a la luz lo que llevas en tu corazón: lograr tu vida, alcanzando LA META.

Buen Adviento para todos y todas, landivarianos de corazón y de meta
P. Pedro Jaramillo Rivas. - Pastoral Universitaria Landivariana

 

 

 

 

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