DE PROMESAS, METAS y ANTICIPOS
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DE PROMESAS, METAS y ANTICIPOS

13 Marzo 2019, 5:56 pm Written by 

P. Pedro Jaramillo Rivas - Pastoral Universitaria Landivariana -PUL-

Normalmente nos movemos por lo seguro y raramente nos aventuramos. Hemos entrado en la dinámica de la satisfacción del deseo a velocidad virtual: lo quiero y lo tengo. Y si hay que hacer “rebajas” de lo que quiero, no importa…, porque lo importante es que lo tenga. Hemos hecho verdad el refrán: “más vale pájaro en mano que ciento volando”… Pero no hemos caído en la cuenta de que con el pájaro en mano se nos fueron las alas de los ciento que no logramos atrapar.

Y es que en la vida no se trata sólo de “atrapar”, se trata también de no olvidarse de “volar”… El vuelo es el alma de la utopía. Abram tenía todas las cartas para haber sido siempre un buen “ave de corral”… Quizás nunca soñó que Dios le diera “alas de águila”… Pero, se las dio en forma de promesa. No le dio el pájaro en mano… Le mostró los ciento volando: las incontables estrellas del cielo y los confines inimaginables de una tierra… Y Abram dejó de ser el “ave de corral” a quien se le había olvidado “volar”… Ahora le tocó emprender el vuelo de la PRO-MESA. Y lo hizo como se alcanzan las promesas…: poniendo en juego la CONFIANZA. Recuerdo a unos padres de familia numerosa que decían con orgullo: “les enseñamos a volar y ahora quedó vacío el nido… No ha quedado ni uno”. No lo podemos olvidar: somos hijos de la PROMESA, la que nos hace mirar las estrellas del cielo y la arena de las playas marinas… y tener que reconocer nuestra incapacidad de contarlas… Así de grande es lo prometido. Necesitamos la CONFIANZA… El “te daré” de hoy no es la promesa del “tentador” (domingo pasado); es la PROMESA del Dios de la Utopía…, esa que se hace realidad en una luz sin ocaso y en una vida sin término.

Ese es el suelo nutricio de tus metas y mis “metas”. Cerrar la puerta a las metas significa cerrar la puerta a la vida. Mirándonos bien, hombres y mujeres somos seres “meta-dirigidos”. Vivimos en la medida en que somos movidos por las metas. Hasta hemos aprendido que las metas no nos las regalan… Y hemos dado vida al refrán: “a quien algo quiere, algo le cuesta”. No entenderlo así, es exponer-se a “concebir vientos y dar a luz tempestades”… No tener metas es tener “otras metas”: “el vientre como Dios”, las “vergüenzas” como ostentación; las “cosas terrenas” como aspiración… ¡El panorama es sombrío! Pablo lo describe “con lágrimas en los ojos”… En el fondo, porque se saca la cruz, tildándola de enemiga de las metas. Nos gustan las metas de “Alicia en el país de las maravillas”. ¡¡Esas nos encantan…!! Revisemos nuestra oración de petición: al Señor le debe parecer estar escuchando siempre las súplicas de la tal Alicia. Y es que “enemigos” de la cruz de Cristo no son sólo los endemoniados. Somos también nosotros, cuando sacamos la cruz de nuestro panorama de metas. Con un peligro mayúsculo: que nos resistamos a hacer morir el “grano de trigo”, quedándonos sin cosecha: “la transformación de nuestra condición humilde según el modelo de la condición gloriosa de Jesús”. Esa no es “una” meta; esa es “la” Meta.

Y de ahí, la importancia que en la Palabra de hoy tiene el “anticipo” de “la” Meta en la transfiguración. Jesús era consciente de la dificultad real de introducir la cruz en el ámbito de las metas. Les parecía un disparate: - “¡eso no te ocurrirá!”, le había dicho Pedro a Jesús quien sí tenía la cruz en la meta… Jesús se había visto obligado a atajarlo con dureza: - “apártate de mí, Satanás…” La tensión estaba servida… Jesús la distiende con la transfiguración, que no es aún “la” Meta, pero sí un “anticipo” de la misma. A Pedro tanto le gustó el momento que le entró el “complejo-Tabor”: “mejor siempre así…; hagamos tres chozas…” Pero, le tocó caminar de nuevo “con Jesús solo…”. Y los caminos “con Jesús solo” pueden ser desconcertantes. También para nosotros. Volvemos a la actitud del comienzo: “sé de quien me he fiado, y estoy seguro”. Esa es la clave para atar PROMESAS, METAS Y ANTICIPOS. Sin esta clave-confianza todo se nos tambalea. Y preferimos “el pájaro en mano que los ciento volando…”

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