Edición No.6

Edición No.6

 

 

 

 

Prólogo

 

En esta entrega abordamos el tema del Discernimiento ignaciano. El blog cuenta con cinco aportaciones. Por un lado, volvemos a publicar el artículo “La Osadía de Dejarse Llevar”, escrito a mediados de 1985, y publicado por vez primera en revista Diakonía, así como en otras publicaciones de la Compañía de la Compañía de Jesús en Latinoamérica. Consideramos que continúa siendo vigente y por ello lo volvemos a poner a disposición. Por otro lado, hacemos la publicación de este mismo artículo traducido al inglés por el Padre Joseph Owens SJ con el título Daring to Let Ourselves be Carried, para que pueda ser difundido en otros entornos. Así mismo, contamos con el valioso artículo “Discernimiento Espiritual Comunitario: Novedad y tradición” del Padre Hermann Rodriguez SJ que apareció en la revista Manresa, número 90 (2018).

Finalmente ofrecemos el artículo “Dejarnos Llevar es una Osadía. Discernimiento en Común y Planificación Apostólica: análisis y propuestas”, un aporte con la colaboración del compañero Jorge Morales, y que se construyó con los insumos y comentarios de varios compañeras y compañeros, a partir del seminario de Discernimiento en Común, al que asistimos tanto Jorge como yo, en Roma, llevado a cabo en febrero de este año. Este artículo está siendo publicado por vez primera y cuenta con el valioso aporte en su introducción y revisión/retroalimentación del Padre Juan Hernández Pico SJ.

Nuestro mundo, y en especial Latinoamérica, se encuentra sumido en grandes crisis humanitarias, que afectan fundamentalmente a los más pobres y vulnerables, y que cuestionan las mismas bases del sistema de vida de la historia de la humanidad. Estamos ante una gran crisis civilizatoria, que obliga a grandes segmentos de población a migrar buscando salvar la vida, donde la riqueza y la opulencia se concentra cada vez más en menos manos, donde continúan y se crean nuevas guerras, y donde nuestra casa mayor, la tierra, está amenazada como nunca antes, al borde de la extinción. Sin embargo, el accionar y las estrategias siguen siendo “más de lo mismo”, negando de hecho, el derecho a la vida plena para toda la creación.

De ahí que el Discernimiento al estilo de Ignacio, sea en estos momentos, clave para encontrar la voluntad de Dios en la tierra. La humanidad está obligada a actuar de manera urgente para buscar caminos para lograr “el reinado de Dios en la tierra”; para construir esa Eutopía, ese lugar bueno para vivir, que tanto ansían los seres humanos. El discernimiento nos provee con vías para buscar la voluntad de Dios, y así honrar aquello de otro mundo es posible.

Esperando contribuir en algo desde nuestra “medida potencia”, les brindamos con mucho cariño y humildad esta última entrega, con el anhelo de que podamos seguir honrando la misión de la Compañía de Jesús “al servicio de la fe y la promoción de la justicia”.

 

Carlos Rafael Cabarrús Pellecer, SJ.

Noviembre 2018.

 

 

En las siguientes pestañas, encuentras los documentos relacionados a la Edición No. 6: 

La Osadía de dejarse llevar - Carlos Rafael Cabarrús S. J.

Discernir no es fácil. Todos, de alguna manera, hemos experimentado dos polos muy típicos a este respecto: los que complican en grado sumo lo que quiere decir discernimiento -convirtiéndolo así en algo sólo para iniciados-, o los que denominan fácilmente discernimiento a cualquier reflexión o discusión... Ambas posturas han hecho mucho daño. Discernir es difícil. La dificultad no estriba solamente en encontrar la metodología adecuada, sino también en los requisitos que implica. Una condición capital es el contacto con la pobreza y con la lucha contra ella. La vinculación con la lucha de los pobres se convierte en "condición de posibilidad", así como también en "criterio de verificación" del discernimiento cristiano. El discernimiento nace de una toma de posición con Jesús pobre y humillado actualmente (requisito) y lleva a defender su causa (verificación). Sólo en esas condiciones y con esos frutos es verdadero discernimiento[1]

Discernir supone, adentrarse en el misterio de la Voluntad de Dios. Nada más ajeno al discernimiento que la seguridad en el juicio propio... Por principio, discernimos para buscar la voluntad de un Dios que es misterio; cuyos caminos no son los nuestros... y esto se tiene que dejar sentir obviamente. Discernir no es ver claridad sino ser dóciles para dejarse llevar por los impulsos de Dios, por donde muchas veces no entendemos... 

Discernir supone además, unas actitudes de calidad humana, supone "subiecto"[2]Quien no tiene en el corazón comprensión y misericordia, quien no puede perdonar, quien no tiene capacidad para querer y ser querido, difícilmente se podrá poner en clima de discernimiento, ya que esto es también fruto de la madurez humana. Pero, al mismo tiempo, se necesitan actitudes profundamente cristianas. En el discernimiento al estilo ignaciano, no se va a elegir entre lo bueno y lo malo, sino que se quiere uno decidir por "lo mejor" (el magis concreto): los criterios son los de las "Banderas"[3]la petición es estar en "tercera manera de humildad". 

Este capítulo consta de tres secciones básicas: la metodología del discernimiento, el examen cotidiano y un postscrip-tum. 

En la primera parte se presenta lo que corresponde a la metodología del discernimiento, más que a la teoría del mismo. Se comienza explicando cómo discernir es realmente una "osadía", pero una osadía que tiene una traducción histórica de praxis de más de cuatrocientos años, desde Ignacio de Loyola, y que data del mismo Evangelio. Se habla en esta parte del origen y desarrollo del discernimiento; luego se pasa a algo clave: el estudio de dos "épocas" espirituales (Ignacio las denomina "semanas"), según las cuales varía todo el proceso de la discreción de espíritus. Se destaca lo importante que es señalar la época en que se está y el derrotero que sigue. Enseguida se ofrece un estudio comparativo de la acción del Mal Espíritu (ME) que arroja luz para saber descubrirlo y para poder vencerlo. Se trata después otro elemento clave para discernir: la comprensión de lo que es "desolación", la lucha contra ella y el aprovechamiento de los momentos de consolación. Esta última, por su efecto, es pragmática: se trata de un regalo para la colaboración con el trabajo por el Reinado de Dios[4]. Concluyendo esta parte, se dice algo sobre el papel de la "confirmación" del discernimiento y de la necesidad de que éste se ratifique en la biografía y en la historia. 

En la segunda parte, se ofrece un camino para hacer el examen cotidiano desde un punto de vista pedagógico. De ahí que se presente un modo concreto de cómo hacerlo y se saquen las luces que éste ofrece para comprender el discernimiento como fruto de la confrontación entre "los espíritus" y los diversos tiempos que se van viviendo, y crecer así en la fidelidad al Dios siempre mayor. Se comienza con las dificultades prácticas del examen, haciendo énfasis en qué no es el examen de conciencia, para luego poner los objetivos de qué cosa sí debería ser. Se termina, como ya señalábamos, explicando lo que la práctica del examen nos revela del discernimiento mismo, no sin antes hablar de un requisito básico: el descubrimiento de lo que denominaremos la consigna. 

Finalmente en la tercera parte encontramos el postscriptum, en él hacemos ver que la osadía, con todo lo arriesgada que puede aparecer, sólo se logra a partir de nuestra flaqueza y desde el impulso de Dios.


[1] Publicado por primera vez, en la revista Diakonía, número especial, septiembre de 1987.

[2] Cfr. C.G. XXXIII, No. 41, en Congregación General XXXlll de la Compañía de Jesús. Ed. Mensajero, Bilbao, 1894, pp. 72-73. 

Daring to let ourselves be carried - Carlos Rafael Cabarrús S. J.

Discerning is not easy. We have all in one way or another experienced two very typical extremes in this regard: there are those who do their utmost to complicate the meaning of discernment—making it into something only for the already initiated—or those who readily baptize almost any reflection or discussion with the name “discernment.” Both stances have done much damage. Discerning is difficult. The difficulty consists in establishing not only an appropriate methodology but also the necessary conditions. One key condition is being in contact with real poverty and struggling against it. Being involved in the struggle of poor people becomes a “condition of possibility” as well as a “criterion of verification” of Christian discernment. Discernment is born of taking a position alongside the Jesus who is poor and humiliated today (the requirement) and leads to defending his cause (the verification). Only in those conditions and with those fruits can there be true discernment.[1] 

Discerning involves entering into the mystery of the Will of God. There is nothing more alien to discernment than being certain about one’s own judgment. In principle, we discern in order to seek the will of a God who is mystery, a God whose ways are not our ways, and this is obviously something that must be felt. Discerning is not seeing clearly but being docile enough to be led by the impulses of God, along ways that we often do not understand. 

Discerning also presupposes certain human qualities: it presupposes a human “subiecto”[2]. Discernment will be difficult for persons who do not have an understanding and merciful heart, for those who cannot forgive, for those who are incapable of loving and being loved. Such persons will have great difficulty in placing themselves in a discerning frame of mind, for discernment is also a fruit of human maturity. At the same time, however, discernment requires some profoundly Christian attitudes. In Ignatian-style discernment, the choice is not between the good and the bad; rather, it is deciding what is “better” (the concrete magis). The criteria are those presented in the “Two Standards”[3]; the goal is the “third way of being humble.” 

This essay consists of three basic sections: the methodology of discernment, the daily examen, and a postscript. 

The first part is concerned more with the methodology of discernment than the theory of discernment. It begins by explaining how discerning involves real “daring,” but a kind of daring that has had four centuries of being translated into practice, starting from Ignatius Loyola and from the Gospels themselves. This section begins by speaking of the origin and development of discernment; then follows a crucial study of two spiritual “times” (Ignatius calls them “weeks”), for each of which there is a special process for discernment of spirits. We stress the importance of identifying the “time” in which a person is and the “direction” in which the person is moving. Immediately after that we offer a comparative study of the action of the Evil Spirit (ES), which will throw light on the ways in which the ES can be detected and defeated. This involves explaining another key element for discernment: understanding what “desolation” is, knowing how to struggle against it, and making the best of the moment of consolation. Because of its effects, consolation is pragmatic: it is a gift for collaborating with the labors of God’s reign.[4] We conclude this first part by saying something about the “confirmation” of discernment, that is, the need for the discernment to be ratified in history and in one’s own life. 

The second part of the essay proposes a concrete way of making the daily examen from a pedagogical perspective. This way of making the examen helps us to understand discernment as the fruit of the confrontation between “spirits”; it also helps us to distinguish between consolation and desolation, and thus grow in fidelity to the God who is always greater. We begin this second part with the practical difficulties of the examen, placing emphasis on what the examination of conscience is not, in order to explain what it should be and what its objectives are. We end, as we said, by explaining what the practice of the examen reveals to us about discernment itself, and also by indicating a crucial requirement: the discovery of what we will call the “maxim.” 

The third and final part of the essay contains a postscript, in which we show that our attitude of daring, as risky as it may appear, can arise only out of our own weakness and from the impulse of God.


[1] Cf. GC 33, no. 41.

[2] This term subiecto (translated to subject) is used by Ignatius Loyola to indicate a person who is physically and psychologically healthy.

[3] The meditation on the “Two Standards” (the standard of Jesus and that of the Enemy) presents two contradictory strategies for evangelization. The meditation, placed by Ignatius at the heart of his book of Spiritual Exercises, is his version of the alternatives that the Synoptics present as crucial for Jesus in his temptations.

[4] Cf. 2 Cor 1,3-7, which inspired Ignatius.

 

Dejarnos llevar es una osadía Discernimiento en Común y Planificación Apostólica: análisis y propuestas

Preludio

Dejarnos llevar ES una osadía

Hace ya treinta y dos años me “atreví” a escribir un artículo sobre el discernimiento ignaciano; “la osadía de dejarse llevar”. En ese entonces me parecía una “osadía” meterme en una tarea que no se me hacía fácil, ya que consideraba que esto era para personas iniciadas en esos temas de espiritualidad profunda. Ese texto sin embargo, vio la luz y se fue conociendo en varias partes del mundo, sobre todo en América Latina.

Ahora, con el paso del tiempo, me animo a escribir algo que de alguna manera complementa y enriquece, por decirlo así, lo escrito entonces.

Lo nuevo es que se ha introducido el “plural” en dejar. No es, entonces, un yo solitario quien tiene que arriesgarse a vivir una experiencia, sino una comunidad, un grupo, el que es convocado a vivir desafíos profundos, retomando así material, experiencias y conocimientos nuevos de la vida. Nos vamos dando cuenta, entonces, que la osadía no es algo únicamente personal; la osadía es un reto común que se vive en grupo, en caravana, en conjunto. De allí brota su fuerza.

De alguna manera, el texto que ofrecemos hoy quiere ser la continuación de lo expuesto en ese entonces, poniéndolo al día en algunos aspectos que no habían sido tocados en esa primera cosecha.

Cabe notar que la palabra “osadía” sigue teniendo vigencia, porque mientras más se va adentrando uno en los vericuetos de la vida espiritual, se van presentando aspectos y retos nuevos. El plural del verbo con que se presenta ahora el artículo implica la comunidad, el grupo y quiere hacer ver que ese reto espiritual se vive en plenitud, cuando se vive en comunidad.

El discernimiento ignaciano tiene varias tipologías. Estas tienen principios convergentes, pero metodologías distintas. En este documento hacemos énfasis en el discernimiento apostólico; o sea aquel que hace un sujeto colectivo cuyo objetivo es el Reinado de Dios. Por eso trata del discernimiento ignaciano que supone profundización y respeto a las “reglas de discreción de espíritus” como las llamara Ignacio de Loyola.

Vemos con preocupación que hay una tendencia a llamar discernimiento en común a cualquier reflexión que trata temas estratégicos. Como nos señala el Padre General Arturo Sosa SJ, no toda decisión requiere de discernimiento en común. Nuestro trabajo, nuestras obras, requieren frecuentemente cotejar si lo que hacemos nos lleva a lo de Dios. Ello no necesariamente requiere de un “discernimiento en común”, y por eso proponemos también ahora, la figura de la Reflexión Discernida.

Este escrito consta de dos partes. La primera, titulada “El llamado de la Compañía de Jesús a trabajar discernidamente”, versa sobre los antecedentes del discernimiento comunitario en la Compañía. Luego, en la segunda parte, “Osando dejarnos llevar”, se aborda la explicación de la vigencia que tiene en la actualidad el discernimiento comunitario, la práctica de la “reflexión discernida” y su vinculación con la planificación apostólica.

Hace más de 30 años encontré que todas las personas tenemos la necesidad de descubrir nuestro manantial como también entender nuestra parte herida, que es la que nos hace muchas malas pasadas; o como dice Ignacio “nos ataca con sus engaños manifiestos y sus falsas razones”. El manantial, por su parte, es algo que no se estanca y puede crecer.

La novedad que ahora presentamos, es la noción de Preparación Remota, que, de forma similar al discernimiento personal, implica trabajar la parte herida y encontrar el manantial del sujeto comunitario. Si ello no se hace, se afectará el discernimiento de la comunidad, la obra, el apostolado. Acá también aplica aquello de “principios convergentes y metodologías distintas”. Tomando en cuenta que el sujeto colectivo se constituye de personas, y que la parte herida es causada tanto por las relaciones entre sus miembros como en su devenir histórico remoto, esta preparación previa se trabaja auxiliada con la adaptación de herramientas y métodos de la psicología social, sociología, los estudios de paz, teología y espiritualidad.

El discernimiento en común sigue los pasos clásicos propuestos por diversos autores. Se escoge la materia sobre lo que se quiere discernir; se van decantando las razones, los pros y los contras, fijándose en dos cosas: lo que con la inteligencia parece de Dios —en el plano puramente humano— sin darle mucha vuelta,  y lo contrario, lo que tiene cosas que parecen del mal. Una vez plasmado lo que la razón juzga, en segundo momento, lo que se analiza es aquello que se me suscita en el corazón y en el cuerpo como sensor muy preciso.

Se descubre que el discernimiento puede tener varios modelos, que en la práctica muestran en su conjunto una gran versatilidad. Una expresión del Discernimiento es el proponerse una disyuntiva que puede ser presentada ante la comunidad. Se exponen los pros y contras de cada una de las opciones y se va decantando el proceso, expresando las mociones que suscita Dios y lo que parece acción del mal espíritu. El hecho de realizar este ejercicio de manera comunitaria, enriquece la visión de los participantes y fortalece el cuerpo apostólico y el cuerpo personal.

En el momento de realizar las elecciones que nos conducen a lo de Dios, entra en juego la planificación apostólica. Es así que la planificación se constituye en un proceso que operativiza, concreta y retroalimenta las elecciones del Discernimiento. Visto así, la Planificación es un proceso subordinado al Discernimiento, que le provee de datos sistematizados y analíticos para el examen. La planificación no es entonces un proceso autónomo ni complementario al Discernimiento en común. Además, indicamos la importancia de trabajar por resultados, contra trabajar por actividades. El efecto de esta forma de trabajo es que pasa a entender que el objeto de nuestra actividad no es “hacer” sino “lograr”. Ahí se nota que perseguimos los frutos.

Lo más comúnmente practicado es lo que ahora estamos llamando Reflexión Discernida, que, como ya indicamos, nos permite actuar en momentos clave, poniendo nuestra misión, la moción principal por donde nos lleva Dios —nuestra consigna—y revisando las elecciones que hacemos en el discernimiento en común.

Elaboramos este documento con el objeto de aportar a la discusión y debate, recogiendo la orientación de la Congregación General 36 y del Padre General Sosa. En estos momentos de la historia de la humanidad, donde tantas sombras y oscuridades se ciernen sobre su futuro y el del planeta, el llamado a trabajar discernidamente cobra más vigencia y puede aportar luz para alcanzar el reinado de Dios en la tierra.

 

Carlos Cabarrús S. J.

Julio 2018.

 

 

 

 

Discernimiento Espiritual Comunitario: Novedad y tradición - Hermann Rodríguez

 

 

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