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Carta de la Universidad Rafael Landívar al Niño Dios

diciembre 4, 2020
Carta de la Universidad Rafael Landívar al Niño Dios imagen

Diciembre de 2020

Fr. Daniel Rodríguez Blanco, O.F.M.

Amado Niño Jesús, nuestro hermano mayor

Al escribirte esta carta se nos hace un nudo en la garganta. Sentimientos encontrados nos embargan. Por un lado, las dificultades que hemos vivido en este año, las pérdidas irreparables, pero, por el otro, la satisfacción de llegar al término de un año académico, principalmente por todo lo que supuso para nuestras vidas. Parecía imposible, pero aquí estamos escribiéndote estas líneas, acompañados por los aires de la Navidad.

No ha sido un año fácil. En realidad, no hay año que lo sea. Pero nos pareció que el lunes 16 de marzo muchas cosas cambiaron. Nos encerramos en nuestras casas y a lo mejor, poco a poco sin darnos cuenta, nos fuimos encerrando en nosotros mismos. Hábitos, horarios, actividades y rutinas se nos tergiversaron. 

El fantasma que recorría el mundo era un virus que pronto llegó a Guatemala. Eso que parecía tan lejos se convirtió en una dura realidad cuando empezamos a escuchar de gente que nos importaba se contagiaba y, en muchos de los casos, moría. No pudimos despedirnos de ellos y ellas como estábamos acostumbrados. Solo las plegarias no estaban prohibidas dentro de aquellas estrictas medidas sanitarias.

Nos partió el alma cuando nos enteramos de la pérdida de muchos miembros de nuestra familia landivariana, ya sea por el covid-19, por otras enfermedades o por manos asesinas: Juan Carlos, David Pacay, Don Blas, Julito, nuestros estudiantes Héctor Chacoj, Claudia Mendoza y nos llenó de indignación el vil asesinato de Litzy Cordón en Zacapa. Fue duro para sus familias y para nosotros también.

Por eso, esta Navidad sentimos que será diferente. Hoy más que nunca afirmamos la celebración de la vida porque la hemos visto amenazada, tu nacimiento es anuncio de esperanza y salvación. Parecía que era un año de muerte, pero el recuerdo de tu encarnación nos confirma la fe en el Dios de la vida, de la entrega. La fecundidad de tu madre y la fidelidad de tu padre que contemplamos en nuestros pesebres nos hacen identificarnos con esa familia pobre de Nazaret, tu familia.

Te queremos compartir hermano Jesús, que en este año aprendimos a ver nuevos héroes, no los de Marvel o Disney World, sino hombres y mujeres profesionales de la salud que estuvieron en la traicionera «primera línea», asistiendo a las y los contagiados. A esos héroes tú los llamaste bienaventurados porque dan la vida por otros. Pero también descubrimos otros héroes o, mejor dicho, otros bienaventurados, de los que se ha hablado muy poco: nuestros(as) catedráticos(as). En menos de veinticuatro horas transitaron por veredas inimaginadas de la virtualidad. Una ruptura violenta que apenas y dio tiempo para resignarse. Fue tal el heroísmo que algunos tuvieron que hacerse de una laptop para cumplir con su misión, otros a empezar a pagar un plan de internet o, en todo caso, a mejorarlo. Bienaventurados fueron, como tú Jesús. Lo mismo valdría decir para nuestros(as) administrativos(as). 

Pero también se convirtieron en héroes los miles de estudiantes de nuestra Universidad. Hasta este día siguen extrañando a sus compañeros y compañeras, añoran el abrazo y el saludo cotidiano porque son personas de hondos vínculos. La fría computadora donde pasaron interminables mañanas o interminables tardes de clases no se igualan a la alegría del encuentro y a los ansiados recesos con el café y la champurrada compartida en las cafeterías de nuestros campus y sedes. Solo el corazón de cada uno de ellos y ellas sabrá qué decirte en la Nochebuena.

Disculpa Niño Jesús que nos extendamos, pero necesitamos sacar muchas cosas que llevamos dentro. Es bonita esa sensación de sentirse escuchado y comprendido por otro. En eso fuiste un experto. Sabías escuchar, consolar y decir las palabras que tocaban el corazón. 

Te decíamos que será una Navidad diferente. A lo mejor y un poco más sobria porque seguimos cuidándonos y protegiendo la vida de nuestros seres queridos. Quizás tendremos menos invitados en estas fiestas de fin de año. No tomaremos el viaje acostumbrado ni visitaremos a nuestra gente como otros años. Seremos más austeros en nuestras compras y comidas porque la situación económica nos pone en alerta. Pero, a lo mejor, todo esto nos ayudará a disfrutarte más a ti. Valoraremos más la sencillez, la frugalidad que nos hará recordar lo que fue tu nacimiento, pero, sobre todo, lo que fue tu vida. Cuando las cosas han estado difíciles, el agradecimiento es más espontáneo y eso será para nosotros esta Navidad, gratitud y agradecimiento. 

Ahora en este mes de diciembre nos toca descansar, bajar el ritmo del famoso trabajo en casa, la Universidad se cierra, pero nuestros corazones no, se abren más a la pertenencia, a las raíces, a la espontaneidad, al amor que trae cada Navidad. A lo mejor y es por eso que en estos días nos visita más la nostalgia, ya sea porque extrañamos épocas pasadas o porque recordamos a los que ya no están con nosotros. Los villancicos y las infaltables cumbias ayudan a eso. 

Hemos querido que esta sencilla carta sea más de agradecimiento que llenarla de interminables súplicas y peticiones a las que estamos acostumbrados. Pero se vuelve difícil, más por lo que hemos vivido en estos últimos meses. Queremos pedirte una sola cosa: por Guatemala. 

Estamos terminando el año con huracanes naturales y políticos. Los primeros nos golpearon fuerte, nuestros hermanos y hermanas de Cobán han vivido días difíciles. Tratamos de entender que el cambio climático nos está pasando factura y que todavía no hacemos lo suficiente. Lo que nos cuesta entender son los segundos, los huracanes políticos. Los que fueron y son tus predilectos, los hambrientos, los sedientos, los migrantes, los enfermos, en definitiva, los pobres, no son los predilectos para nuestros dirigentes. El evangelista Lucas cuando escribió sobre la noche de tu nacimiento cuenta que los ángeles cantaban: «¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!» Pero parece que ellos no tienen buena voluntad, solo intereses egoístas y rastreros, ambiciones de poder y de dinero. Ojalá y haya conversiones en esta Navidad, solo así tus ángeles podrán anunciarles lo que es importante y lo que es secundario en la vida. Cuida nuestro país y permite que nuestra Universidad esté al servicio de los más vulnerables de nuestra sociedad.

Sin duda, el tamal, el ponche, los postres y las presencias con las que compartiremos esta Nochebuena los disfrutaremos más este año que otros, las razones te las hemos expresado en esta carta. Pero la razón más importante es porque tú sigues estando en nuestras vidas y el 2021 no será la excepción.

Con hondo afecto y amor, tus hermanas y hermanos landivarianos.

2 respuestas a “Carta de la Universidad Rafael Landívar al Niño Dios”

  1. Jose Francisco Sánchez Aranda dice:

    Excelente.

  2. Helen Elizaberh Rodríguez Colin dice:

    Dios mio he llorado al leer esta hermosa carta, debe ser publicada a los 4 vientos, es de un poeta enamorado de la vida y lleno de esperanza, seguro ya fue escuchada por Papá Dios.

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