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Conversión en compañía

febrero 26, 2021
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La auténtica conversión solo es posible en buena compañía

“El que sólo quiere estar sin arrimo de maestro y guía será como el árbol que está solo y sin dueño en el campo, que por más fruta que traiga, los viajeros (los que van de camino) se la cogerán y no llegará a la sazón”.

San Juan de la Cruz

Para Ignacio su conversión implicó un peregrinaje (ponerse en el camino de Dios) durante el cual se da un proceso de transformación personal, transitando desde un proyecto individual a uno colectivo, cuya finalidad es el trabajo por la causa de Jesús en la construcción del Reino.  Este proceso de conversión desde la experiencia de Ignacio sugiere hacerse acompañado, pues desde el aislamiento radical se corre el riesgo de extraviarse (autobiografía, n. 25).

En el subtítulo de esta reflexión se decía que la auténtica conversión solo es posible en buena compañía, y para aproximarnos a esa buena compañía, ofrecemos algunas pinceladas tomando como fuente inspiradora de compañero de camino a Jesús de Nazaret. El modo de acompañar de Jesús lo intuimos siguiendo el relato del Evangelio de Lucas 24, 13-35,  “En el camino de Emaús”. ¿Cómo era la compañía de Jesús? ¿Cómo al final del camino les ayudó a convertir la mirada y a ver la realidad con nuevos ojos?.

Compañía según circunstancias de personas, tiempos y lugares

La vida es un peregrinaje donde van consigo mismo las esperanzas, alegrías, preocupaciones, angustias, frustraciones, incertidumbres, desencantos, desilusiones, temores, etc. El acompañar se realiza tomando en cuenta las circunstancias de las personas acompañadas, así como sus contextos históricos (Lc. 24, 13 y 14).

Compañía de cercanías

Jesús se hizo compañero de camino a través de la cercanía, empatía y acogida. Caminando juntos, cada uno a su ritmo, viviendo su propia experiencia que le ofrece el camino. Él acompaña a cada uno sin decir ni lucir quién es, respetando la singularidad de cada uno (Lc. 24, 15).  En el trayecto de la vida hay momentos en que se dificulta saber quién se es, quienes son los otros y qué sentido tiene el trayecto. La incertidumbre, las frustraciones, las preocupaciones y los miedos enceguecen, impiden tener claridad. (Lc. 24, 16). El acompañante se interesa por conocer a profundidad los ruidos que perturban la interioridad del acompañado y también le ayuda hacerse consciente de los sentimientos y emociones que lo acompañan. El acompañante trasciende con su mirada las exterioridades del acompañado y ayuda a ir a mayor profundidad (Lc. 24, 17). Es de vital importancia en el acompañamiento personal la permanencia solicita del acompañante (Lc. 24,  28 y 29).

Compañía: un acto de escucha y esperanza

El acompañado esta en todo su derecho de sentir disgusto, frustración, inconformidad, rabia, enojo, dolor, y en consecuencia expresarlos. Así mismo de reconocerse en su fragilidad y vulnerabilidad.  El acompañante acoge sin prejuicios y sin condena el sentimiento expresado, mantiene una escucha paciente y atenta (Lc. 24, 18-21). El acompañante ayuda al acompañado a ver las grietas provocadas por las situaciones que han perturbado su interioridad, haciéndole consciente qué a través de éstas, rayos de luz pueden filtrarse para ver con mayor claridad su realidad (Lc. 24, 22). El acompañado junto a su acompañante va visualizando ventanas de oportunidad, no todo está perdido (Lc. 24, 23). El acompañado deberá comprender que la única certeza en el plano humano de la vida es la incertidumbre (Lc. 24, 24).

Compañía que confronta

El acompañante debe confrontar a su acompañado. Consiste en enfrentar a la persona con las discrepancias que se observan entre lo que piensa, siente, dice o hace, que le impiden alcanzar una adecuada autocomprensión de sí mismo al mismo tiempo que de su problemática. Deberá hacerse con profundo respeto (Lc. 24, 25). Así mismo, el acompañante debe ayudar a interpretar los significados y relaciones. Lo que la interpretación pretende es el logro de una mayor comprensión de la persona acerca de sí misma, de su modo de comportarse, de su manera de relacionarse con el entorno (Lc. 24, 26-27).

Compañía que transforma

Transformarse para transformar. El proceso de acompañamiento personal conducirá al acompañado a resignificar las cosas, abriendo los ojos del entendimiento, es decir, entender la realidad y relacionarse con ésta, desde otra perspectiva. El acompañante no crea dependencias, no anula, al contrario, hace crecer en dignidad, libertad y responsabilidad. (Lc. 24, 28-31).  El proceso de acompañamiento debe ayudar a sentir y gustar de las cosas internamente, siempre deja al acompañado inquieto, siempre en búsqueda, conmovido a mayor servicio y a mayor entrega (Lc. 24, 32-34). Acompañado y acompañante se redescubren en su humanidad al compartirse, al compartir la vida (Lc. 24, 35).

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