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La formación en valores de una abogada landivariana

octubre 11, 2021
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Por: Lcda. Samantha Orozco

Resumen: En el presente artículo les comparto, desde una experiencia muy personal, sobre mi formación como profesional landivariana y cómo esta casa de estudios sentó bases importantes en mi vocación como abogada que busca la defensa y protección de mujeres y niñez, una población en situación de vulnerabilidad hoy en día.


Elegir nuestra casa de estudios universitarios es una decisión muy importante para nuestra carrera profesional. La realidad nacional nos muestra que para muchos guatemaltecos no hay muchas opciones, y en la mayoría de los casos simplemente no hay opción. Menos del 5% de la población tiene acceso a educación superior universitaria y logra culminarla. Optar por la educación gratuita es una oportunidad cada vez más cerrada, porque si bien no se paga una cuota universitaria sí se deben pagar muchos costos para poder acceder a una educación completa, muchas veces estos costos se traducen en pagos de material, libros, copias, transporte, etc. En Guatemala de ninguna forma existe educación superior gratuita. Los egresados de universidades privadas somo parte de un grupo privilegiado que sí tuvo esa oportunidad de decidir en qué casa de estudios deseaba obtener su título. En mi caso, entré a mi primer año de universidad consiente de esta realidad, y por lo mismo, con una fuerte sensación de responsabilidad de aportar para cambiar esa realidad nacional que no permitió a muchos de mis pares acceder a estudios de este nivel.


Escogí leyes para mi formación profesional porque sentía un fuerte llamado a defender a poblaciones en situación de vulnerabilidad y otros profesionales del derecho que conocía me convencieron diciéndome que me formaría con una conciencia social, que si mis convicciones a defender a los que llamamos “los crucificados de hoy” son fuertes esta sería la casa de estudios indicada. Sin duda, después de haber estudiado ahí, si me preguntaran, definitivamente volvería a ser landivariana. Me formé como profesional pero también mucho de lo que aprendí y viví ahí me hizo formarme como ciudadana consciente de la realidad nacional.


“La dignidad humana, la libertad, la responsabilidad y el servicio”. Cualquier estudiante o egresado landivariano debe tener en mente y corazón estos valores porque son los que nos indican que nuestros aportes como profesionales en los diferentes ámbitos en los que nos desarrollemos deben obedecer a construir una sociedad más justa, que respeta al ser humano y que busca servir a aquellos que más lo necesitan. Todas las instituciones, organizaciones y empresas tienen su escala de valores, los atributos más importantes en la esencia de una persona, para algunos puede ser la puntualidad, orden, liderazgo, etc. A mi consideración, la inculcación de estos cuatro valores como los primordiales en nuestro estilo de vida nos hacen trascender en todos los atributos positivos que puede poseer un ser humano. Precisamente esto es lo que Landívar busca dejar en sus estudiantes, el ejercicio de valores que se convierten en un hábito para el ejercicio de la profesión y en la vida.


Vivimos en un país sumergido en la corrupción y con líderes políticos que realmente accionan como la antítesis de un verdadero líder, un país en el que no se atienden las necesidades de la población y que cada vez se muestran más deshumanizado. La pandemia ha hecho más evidente esa deshumanización; ver la situación de los hospitales, la poca empatía hacia el personal de primera línea y a aquellos que han sido impactados económicamente porque sus ingresos responden a su trabajo del día son algunos ejemplos que, a muchos, incluyendo nuestros líderes políticos, le son indiferentes. Ante esto es lamentable ver en muchas situaciones en las cuales quienes tienen esa preparación o formación académica utilizan sus conocimientos y astucia para favorecer el estatus quo. Indigna mucho ver a profesionales muy capaces que se separaron del ejercicio de sus valores como seres humanos, porque lamentablemente el ejercicio de valores hoy en día está infravalorado. No se puede ser un profesional que realmente aporte a nuestro país si no somos profesionales que ejercemos plenamente valores que buscan construir en sociedad y que nos hacen empatizar con el prójimo.


La formación en valores por supuesto que se inicia en casa, con la familia, pero sin duda nuestras instituciones educativas tienen una fuerte incidencia en esa formación. Desde que somos niños, el rol de nuestros maestros es muy importante en nuestra formación y estoy segura de que podemos recordar a algún maestro o maestra que tuvo fuerte influencia e impacto en nuestras vidas, no solamente en nuestra formación. El claustro docente de la universidad no es diferente en este aspecto ya que sus enseñanzas en clase y su ejemplo como profesionales puede impactar mucho a los estudiantes, sobre todo aquellos que nos inspiran gran admiración por sus logros profesionales o por la forma que son respetados por la sociedad o el gremio al que pertenecen.


Como ejemplo de docentes que nos impactan quisiera mencionar a alguien que ya no está con nosotros, pero sigue viva en los corazones de quienes fuimos sus alumnos, la Magíster Claudia Estrada. Además de haber sido una excelente docente en clases esenciales para un estudiante de leyes como lo son Introducción al Derecho o Teoría del Estado, era una excelente mujer que nos enseñó sobre honestidad, perseverancia y responsabilidad. Recuerdo que nos animaba a hacer nuestras pasantías y llevar casos en el Bufete Popular porque citando sus palabras “servir a personas que necesitan ayuda pero que no tienen ni para comer ese día te hace ver la importancia de la profesión y que esta sea al servicio de los demás”. La razón de porqué menciono a la Magíster Estrada es para ejemplificar cómo un catedrático landivariano puede influir en sus alumnos de forma positiva, más allá de servir como un ejemplo profesional, un catedrático que empuja a sus alumnos a salir de su zona de confort para perseguir su vocación.


Landívar a lo largo de los años nos ha dado a los estudiantes la oportunidad de participar en espacios extracurriculares para fortalecer nuestro ejercicio ciudadano y encontrar nuestra vocación, en mi caso tuve la oportunidad de participar en el Programa de Liderazgo Universitario Latinoamericano, diversos moot courts, y agrupaciones estudiantiles. Mi involucramiento en este último espacio me permitió postularme en elecciones estudiantiles para formar parte de la Asociación de Estudiantes de Derecho y Crimfor en los Años 2015 y en el 2017. Desde la AED pude estar presente en diversas actividades para apoyar a personas en situación de vulnerabilidad y era agradable ver en muchas ocasiones la unidad que existía entre todas las agrupaciones en épocas de crisis para nuestro país, las cuales se ejemplificaban a través de los voluntariados y colectas cuando existía algún desastre natural. Me agrada mucho ver que ese espíritu de unidad de las agrupaciones no se ha perdido y se volvió a hacer manifiesto cuando ocurrieron los desastres por las tormentas Eta e Iota. Algo que refleja cuál ha sido el verdadero espíritu landivariano a lo largo de estos 60 años.


Ser estudiante egresada de la Universidad Rafael Landívar marcó indudablemente los inicios de, hasta ahora, mi corta carrera profesional. Fue en virtud de ser estudiante de esta casa de estudios que yo pude ingresar como pasante en Misión Internacional de Justicia, una organización internacional que apoya el fortalecimiento del sistema de justicia para mejorar el acceso de este a mujeres, niñez y adolescencia víctimas de violencia. Comencé mis pasantías al lado de profesionales del derecho también egresados de Landívar, y junto a otros compañeros de la carrera que también compartían los mismos valores: la lucha por la justicia en favor de los más vulnerables. En ese momento comencé a apoyar en casos relacionados con violencia sexual en contra de niños, niñas y adolescentes en situación de pobreza. Recordaba mucho la frase de Monseñor Oscar Romero “La justicia es igual a las serpientes, solo muerden a los que están descalzos”.


Durante mis pasantías vi situaciones terribles de nuestra realidad, pero también reforcé mis creencias sobre la necesidad de luchar por un sistema de justicia que brinde acceso a todos. Leemos mucho sobre este como un derecho humano fundamental, pero solo en la práctica, cuando nos enfrentamos a esta realidad de forma tangible, nos adueñamos de la necesidad de aportar nuestro granito de arena que trasciende de lo académico a ese contacto humano. Tuve la oportunidad de quedarme trabajando como procuradora del área legal y este año cumplí seis años laborando para esta institución, ahora como abogada apoyando proyectos con sobrevivientes de violencia contra la mujer y violencia sexual.


La vida como profesional del derecho abre muchas puertas en diferentes ramas de trabajo. Por lo mismo, a quienes egresamos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de esta casa de estudios, me gustaría recordarles que tenemos una responsabilidad social como profesionales y como ciudadanos, por lo que en todo lo que hagamos debemos tener presentes las palabras de San Ignacio de Loyola, “En todo amar y servir.”

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