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Carta de la Universidad Rafael Landívar al Niño Dios

noviembre 15, 2019
Carta de la Universidad Rafael Landívar al Niño Dios imagen

Fr. Daniel Blanco, O.F.M.
Decano de la Facultad de Teología

Amado Niño Jesús, nuestro hermano mayor. Este no es un correo electrónico como los tantos que tenemos que responder a diario los académicos y administrativos. Tampoco es un ensayo con los que torturamos a nuestros estudiantes en los cursos. Esta es una sencilla carta como las que, quizá, te hicimos muchas veces cuando éramos pequeños. O, en todo caso, las que enviábamos a Santa Claus por estas fechas.

Estamos muy contentos porque pronto saldremos de vacaciones. El descanso nos hace bien y el estar con nuestros seres queridos más. Estos días nos recuerdan ese vínculo familiar del que tú quisiste ser parte. Estos esposos, tus padres, nos ayudan en ello. Hemos pasado durante casi todo el año en las oficinas, los pasillos, los parqueos de nuestra universidad. Diciembre es para nosotros un cesar algo para retomar otro algo. Las computadoras, escritorios y sillas en donde pasamos sentados durante varias horas del día se convierten de una semana a otra en sofá, viajes, visitas, cocina, compras, paseos, levantadas tarde, lectura de libros pendientes, comidas… Nuestras ropas formales y presentables las cambiamos en diciembre por pantalonetas, playeras, sandalias, blusas, cabellos despeinados y, muy seguramente, en algún estreno de almacén o un re-estreno de paca.

Si bien estamos contentos, no sabemos si estamos alegres. Alegre se puso María cuando te dio a luz. Alegre se puso José cuando te cargó por primera vez. Alegres estaban aquellos pobres pastores que recibieron la mejor noticia de sus vidas: que tú habías nacido. Alegres se pusieron los ángeles y lo demostraban cuando cantaban: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Alegre se sintió san Francisco de Asís cuando representó artísticamente a tu familia. Alegre estaba el Santo Hermano Pedro cuando difundió las posadas en La Antigua Guatemala. Todos ellos tenían algo en común. Te tenían a ti.

No estamos del todo alegres porque en el fondo sentimos que algo nos hace falta, seguramente tú o algo de ti. Pero sobre todo, no estamos del todo alegres porque a nuestro país le falta algo, seguramente tú o algo de ti. Los grandes sueños, ideales y valores que movieron tu vida tienen poco mercadeo. Por eso, amado Jesús, en esta carta como landivarianos no queremos hacerte una lista de cosas que necesitamos. Eso lo hicimos de pequeños, cuando pensábamos más en nuestro propio bienestar que en el de los demás. Hoy en esta posada, te pedimos única y exclusivamente por los niños que en este año no tuvieron acceso a una escuela y muy seguramente el otro año tampoco. O como los niños de muchas aldeas de nuestro país que en el siglo XXI todavía reciben clases en el suelo o debajo de un árbol, con un solo profesor para toda la primaria. El mejor regalo posible para ellos no sería un robot o una muñeca como las que pedíamos en nuestras cartas, sino una educación digna.

Por eso, desde rectoría, desde las cuatro vicerrectorías y las nueve decanaturas con sus cientos de estudiantes, quisiéramos trabajar de tal modo que pudiéramos hacer un poco más llevadera la vida de la gente y de los niños, como tú lo hiciste. Es, en pocas palabras, lo que repetimos constantemente: “Ser una universidad de Guatemala y para Guatemala”. Tú fuiste un ser humano cabal en el mundo y para el mundo. Algo así queremos ser nosotros. Personas para los demás, desde nuestras posibilidades, nuestras profesiones, nuestros cargos y el círculo de influencia que podamos tener. Pero “algo hay en la esperanza que no muere. En el nacimiento hay una estrella, no milagrosa, sino humana, que irradia luz a todo aquel que quiera caminar en busca de la verdad, la justicia y la paz” (Jon Sobrino, 2005).

Terminamos esta carta, Niño Dios, confirmando nuestra fe en tu misterio kenótico solidario. Renovamos nuestro compromiso por la justicia y renovamos el amor tuyo hacia nosotros y el de nosotros hacia ti. Con el Buki te queremos decir que no queremos otra navidad sin ti. O como aquella canción tan sonada en estas semanas: “Por eso y muchas cosas más ven a mi casa esta navidad”.
Con hondo amor,

Tus hijos e hijas landivarianos.

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