Erasmus Mundus: vida, libertad y felicidad

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Por: Alejandra Pérez León

La primera vez que leí las palabras de Thomas Jefferson que todos somos dotados con derechos inalienables, los derechos de vida, libertad y la búsqueda de la felicidad. Era tan solo una niña y recuerdo haber reflexionado: ¿Qué es la búsqueda dela felicidad? ¿Qué es vida y qué es libertad? Reconozco que toda mi vida la había vivido pensando que sabía qué era cada uno de estos derechos y que los había aplicado a mi vida en su totalidad. La beca Erasmus Mundus para estudiar y vivir un año en el centro de Europa vino a cambiar mi percepción de, no solo estos tres, sino un sinfín de otras cosas más.

La definición o el sentido que le otorgamos a lo que son la vida, la libertad o la felicidad, es muy subjetiva. Para mí, desde muy pequeña, mi sueño más grande era estudiar en un país extranjero, viajar y conocer culturas diferentes alrededor del mundo. Cuando se abrió la convocatoria de la beca para el año escolar 2016-2017 y que todo el proceso se podía coordinar por medio de la Universidad Rafael Landívar, casi no pude contener la emoción y supe que esta era la oportunidad de cumplir mis más grandes sueños. Y en efecto, se cumplió. Viví una experiencia inolvidable estudiando un año en Hungría, en donde el conocimiento del inglés es casi nulo y el español apenas lo conocen, además viajé a más de 10 ciudades a través de Europa, conocí las diferentes culturas que cada una alberga y logré despertar a la aventurera que hay dentro de mí. Fue una experiencia que cambió mi vida, o al menos la percepción que tengo de la misma.

No es algo de todos los días, que se presenta la oportunidad de estudiar un año escolar en Europa y con una beca completa. Tuve que salir de mi zona de confort totalmente y aprender a experimentar la vida con un sabor diferente. Hungría es un país hermoso, rico en cultura, vistas hermosas, cafés escondidos y con arquitectura exquisita. Aún con la barrera del idioma, Hungría me mostró su belleza poco explorada y conocida por el resto del mundo, y qué puedo decir, estoy infinitamente agradecida.

Erasmus Mundus me ha dejado mil y un enseñanzas de vida. De estas, las que más resaltan para mí son tres. La primera lección que aprendí en mi año de intercambio fue que gente linda y sincera de corazón se puede encontrar en todo el mundo; no sólo en Latinoamérica existe gente noble. Siempre tuve la dicha de encontrar corazones hermosos por todo el continente. Segundo, aprendí que el conocimiento no tiene límites, es infinito; somos nosotros mismos, o nuestro entorno los que creamos esas barreras. El mundo es mucho más grande que solo el confort de nuestro hogar. Existe una infinidad de gente, culturas y lugares nuevos por conocer, comidas que saborear, puentes que cruzar y montañas que escalar. Hay muchas formas de ver la vida, y esta experiencia me enseñó que es allí en donde se encuentra lo hermoso de la vida, en esa diversidad, esa heterogeneidad, en esa gama de colores infinita que enriquece la experiencia de vida.

Así regreso a los tres derechos de Jefferson. Vida. Erasmus Mundus me enseño que, así como existen siete mil millones de personas en el mundo, así existen 7 mil millones de formas de vivir la vida, y cada una es tan bella como la persona quiera hacerla. Conocí y conviví con españoles, italianos, franceses, portugueses, mexicanos, estadounidenses, húngaros, belgas, suizos, polacos, croatas y austriacos; cada uno con su propia y preciosa manera de ser y de vivir la vida, siempre, en su mayoría, respetuosos de las formas de los demás. Libertad. Europa me enseñó la libertad que se encuentra en caminar un jueves por la mañana, la tarde, o la madrugada, sin miedo a la delincuencia y a respirar el aire de la tranquilidad. Tuve además la experiencia de vivir libre de prejuicios, de expectativas, de ataduras. Experimenté la mejor versión de mí misma, por lo menos hasta ahora. Búsqueda de la felicidad. Erasmus Mundus me enseñó que la búsqueda de la felicidad no existe, la felicidad se vive. Mi felicidad ha estado siempre en luchar y cumplir mis sueños, y mi esfuerzo, ambición y perseverancia me llevaron a cumplir mi más grande sueño de estudiar en el extranjero. Terminé encontrando mi felicidad no solo por irme a Europa durante un año, sino toda la experiencia, la aventura completa, con todos sus sabores, todas sus vistas, toda su gente y todo su conocimiento.

Es verdad que si se quiere de corazón, todo es posible. Espero que mi experiencia solo aliente a más personas a perseguir sus sueños y a luchar por cumplirlos, porque las oportunidades siempre se van a abrir, solo queda tocar las puertas.

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