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PREPARANDO EL VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo C)

febrero 18, 2019
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¿Con el enemigo?: del respeto al amor.

1 Sam 26, 2.7-9.12-13/ 1Cor 15,45-49/ Lc 6,27-38

Tema/mensaje del domingo (1ª Lectura y Evangelio): El verdadero amor al prójimo se expresa en una nueva relación con los enemigos. Para el enemigo se nos pide no sólo respeto, sino amor.

El respeto al enemigo (1ª Lectura) 

Es un ejemplo de respeto al enemigo. Respeto de David al rey Saúl, que lo andaba persiguiendo para darle muerte. En un determinado momento, las circunstancias ponen a Saúl en manos de David. Ahí lo tiene, para tratarlo a su antojo. Uno de sus hombres, Abisaí, hace incluso una lectura religiosa de aquella “ocasión de oro” para que David tome venganza, y se ofrece él mismo para matar a Saúl: “Dios te pone al enemigo en la mano” (v.8). Como diciéndole: – es voluntad de Dios que lo mates. Pero David le replica, haciendo también una lectura religiosa de ese mismo momento: “no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor” (v.9). Así David se lo hace ver a Saúl, mostrándole con evidencias que ha tenido la ocasión de pagarle con la misma moneda, a él que lo andaba buscando para darle muerte. Y, sin embargo, no lo ha matado. Todo el relato es una alabanza a la grandeza de ánimo de David que, de algún modo, adelanta el paso del respeto al amor al enemigo, que pide Jesús.

El amor al enemigo (Evangelio)

Del respeto al enemigo (1ª Lectura), Jesús nos pasa al amor. Amar al enemigo es el signo de un amor totalmente gratuito. No nos pide Jesús amar al enemigo sólo cuando éste nos pide perdón, porque quiere que cese la enemistad (esa es parte de la lógica del amor: que sepamos perdonar). Es ya un paso importante, muy importante. Pero, el amor que nos propone Jesús da un nuevo salto, que humanamente nos parece ya un paso del todo ilógico: “hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian”. Es decir, amen no sólo cuando ya les han pedido perdón y “las aguas han vuelto a su cauce”.

Incluso cuando persisten las actitudes y hasta el mismo perdón que ofrecemos es rechazado por el enemigo. Con relación a los enemigos, Jesús desarrolla su enseñanza con cuatro “mandamientos”: amar, hacer el bien, bendecir y rezar. Enfrente hay situaciones reales y concretas: enemistad, odio, maldición, difamación. San Pablo agarró bien la enseñanza de Jesús, cuando recomienda “vencer el mal a fuerza de bien”. Jesús nos pide actitudes que, miradas “desde abajo”, parecen expresiones de debilidad y cobardía. Pero, nos quiere llevar a comprender que se necesita más fuerza y coraje para amar que para odiar. “Los otros” son tan importantes en la vida del discípulo que nos exigen reacciones que chocan con los criterios puramente humanos. Y, bien mirado, lo más importante, la razón más honda de amar, incluso a los enemigos, es que, perdonando al enemigo, estamos “siendo compasivos como nuestro Padre es compasivo”.

No se trata sólo de “cumplir” un mandamiento a la fuerza, se trata, más bien, de “imitar a Dios”, de ser semejantes a Él, ”que es bondadoso incluso con los desgraciados y con los malos” (v.35). Nuestro modelo de compasión es Dios, como lo era para Jesús. En el amor hay que llegar al exceso: No vale sólo con “interacrtuar”: dar sólo a quien me da; amar sólo a quien me ama; portarme bien sólo con quien se porta bien conmigo. Ahí no hay exceso. Ahí hay sólo lógica humana. La lógica divina es que “amemos a nuestros enemigos, que hagamos el bien y prestemos sin esperar nada a cambio” (v. 35). Quien espera algo a cambio, lo que hace es comercio (por muy espiritual que este comercio sea); quien no espera nada a cambio empieza a amar con el amor de Dios y tiene la recompensa que vale: parecerse a su Padre, Dios.

Mirar con “ojos de la tierra”/ mirar con “ojos del cielo” (2ª Lectura) 

Indicaciones muy hermosas de Pablo: para llegar a ese nivel de vida cristiana (amar a los enemigos), hay que dar el paso de vivir sólo como “hombres” (como hermanos en Adán) a vivir como “cristianos” (como hermanos en Cristo). No se trata, por tanto, sólo de vivir, sino de vivir como Cristo. Porque, no tenemos sólo vida (esa la tenemos por Adán), sino que tenemos también “espíritu” (y ése lo tenemos por Cristo): “el último Adán (Jesús) se convirtió en espíritu que da vida” (v.45) Jesús nos abre un camino nuevo para ser hombres y mujeres en una plenitud insospechada. Estamos llamados a la misma plenitud que tiene Cristo, comparado con Adán: “el primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo” (v.47). En Cristo, es posible alcanzar la meta de nuestra propia humanidad: “nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial” (v. 49). Como deudores de Adán, somos terrenos, pero hemos sido agraciados en Cristo con una meta nueva que nos abre un horizonte insospechado (el cielo).

Ecos de la palabra para la semana

LUNES. La grandeza de ánimo de David lo lleva a no querer tomar venganza contra Saúl, que buscaba matarlo. Las circunstancias se lo ponen en su mano, pero él no lo mata. No le responde con la misma moneda. Es el primer paso en relación con nuestros enemigos: decir “no” a la venganza. Miramos nuestra vida personal y la vida de nuestras comunidades y aldeas, ¿descubrimos hechos de venganza? La venganza, ¿es solución para arreglar los problemas de relación de unos con otros?

MARTES. Pero Jesús nos pide más. No ser vengativos es ya un gran paso. Pero Jesús nos pide “amar” a los enemigos. Nos dice que ese tipo de amor es el más generoso, porque es gratuito, ya que no esperamos nada a cambio. A ese tipo de amor generoso no llegamos si no es con la gracia de Jesús. Supone que perdonamos nosotros, aunque la otra o las otras personas no nos perdonen ¿Cómo ando personalmente en el asunto del perdón? ¿Tengo un corazón perdonador o “perdono, pero no olvido”? Y, ¿cómo está lo del perdón en nuestra aldea o comunidad?

MIÉRCOLES. “Ser compasivos como nuestro Padre del cielo es compasivo”. Tratarnos unos a otros con ternura y misericordia. Llevar a la práctica obras de misericordia. “Ser corazón para quienes están en la miseria” (eso significa la palabra “misericordia”)…: ¿Nos dejamos llevar por un corazón bueno, o somos indiferentes ante las penalidades de la gente? ¿Ayudamos, socorremos, cuidamos de quien nos necesita, aunque no sean parientes o amigos nuestros?

JUEVES. Se nos pueden pedir cosas muy altas, porque Jesús nos “ha elevado” a un nivel superior de vida: nos ha regalado, en el bautismo, la vida de Dios. Nuestros criterios no pueden ser ya los criterios puramente humanos (por ejemplo: “es que toda la gente lo hace así” = éste es un criterio terreno). Nuestros criterios tienen que ser los de Jesús. Para saber cómo pensó y actuó Jesús tenemos que leer los Evangelios ¿Tenemos los Evangelios? ¿Los leemos? ¿Vamos aplicando a nuestra vida todas las enseñanzas y ejemplos que ahí da Jesús para vivir una vida “superior”, en un nivel más alto de exigencia?

VIERNES. Muchas veces pensamos que, si no somos como la demás gente, no podemos prosperar en nuestra vida, ¿será eso así? El ideal es que vivamos de tal modo que la gente se tenga que preguntar: “pero, ¿por qué esta persona vive de manera distinta: perdona, es generosa, ayuda a los enfermos y ancianos, se preocupa de que haya mejores escuelas, mejores servicios de salud…, y todo lo hace sin que le pague nada nadie…?”. Si logramos ser de esa manera, hemos logrado el primer paso del anuncio de Jesús… Y mucha gente dirá: “yo quiero parecerme a él/ a ella”. ¿Nos damos cuenta que sin este primer paso no podríamos hacer ningún tipo de misión? Nos animamos unos a otros para caminar así.

SÁBADO. María es “la llena de gracia”. Lo que quiere decir que estaba totalmente abierta a Dios. Pero, para llenarse de Dios, hay que vaciarse de muchas cosas; hay que hacer que nuestro corazón esté disponible para el Señor y para la gente. Le pedimos a María que nos ayude a abrir nuestro corazón para que se llene de Dios y se llene de nombres y de rostros de la gente ¿Tenemos este corazón abierto? ¿O pensamos sólo en nosotros mismos y en nuestras cosas e intereses personales?

P. Pedro Jaramillo Rivas.- Pastoral Universitaria Landivariana 

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