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Redescubriendo al Padre Ignacio Scheifler, S. J.

agosto 14, 2018
Redescubriendo al Padre Ignacio Scheifler, S. J. imagen

El sábado 8 de julio 2017 partió el Padre José Ignacio Scheifler Amézaga, S. J. a su quinta día, como diríamos los emproistas. Regreso a la Casa del Padre después de una vida desgastada para y por los demás. No me dio tiempo de despedirme de él, es más, con vergüenza lo comparto, no sabía que estaba tan enfermo y mucho menos sabia su fecha de cumpleaños. El Padre Ignacio, como le decíamos cariñosamente, fue parte del Patronato de la Fundación de la Universidad Rafael Landívar, fue su primer secretario, apoyó siempre en la parte administrativa y financiera en los primeros inicios de la primera universidad privada del país.

¡Hola Víctor! ¡Chico, que cuentas! Eran las palabras con que siempre me recibía en su oficina del CAPS ubicada en el área de edificios identificada con la letra A, las primeras aulas construidas en el campus central de la zona 16 y dedicadas especialmente para laboratorios. Para variar mi maestro arquitecto Daniel Borja Rosales, me había contactado con el Padre Ignacio al fiarme el cargo de Director del Departamento de Arquitectura por el año 1994, creo que el 03 de mayo si no mal me equivoco y que me pidiera que apoyara al Padre en un proyecto. Daniel era el Decano de la Facultad de Arquitectura y fue el culpable de esta valiosa amistad.


El Padre Ignacio estaba planeando la ampliación de la tercera nave de la Iglesia de El Tejar, en el Departamento de Chimaltenango, a dos horas aproximadamente en carro de la ciudad capital. Desde siempre recuerdo que el padre vivía en la parroquia de san Ignacio de Loyola en la zona 10, hoy frente al bulevar Los Próceres. Me llamó a la oficina de la universidad, nos pusimos de acuerdo en la fecha y el lugar y fui a verlo. Deje mi carrito Toyota en el parqueo interior de la Iglesia y él me llevo. La idea era conocer el sitio, hacer un levantamiento y dibujar los planos de la ampliación de esta nave.

Su clásica chumpa de color gris y su boina de color azul cubrían la cabeza de uno de los fundadores de la Universidad. Yo era un neófito en las cosas de la institución a pesar de haber estudiado y salir egresado de ella y no tenía idea del “Monstruo de sacerdote” con el que viajaba a ese municipio a ver los trabajos cada 15 días. Siempre pasaba por una gasolinera en la Roosevelt, cuyo precio siempre era muy favorable. Conversábamos de muchos temas, pero sobre todo de los inicios de la URL. Lejos estaba de pensar que tendríamos una relación frecuente hasta el día de su partida al cielo, para mí, su presencia en mi vida era una bendición de Dios, le ayudaba siempre en cosas de construcción, me tenía mucho cariño y él para mí era un “crack” como dirían mis estudiantes. Confío plenamente que está de regreso con quien siempre fue su dueño e inspiración de vida: Jesús. ¡Porque creo que está en el cielo!

Esas horas de viaje me hicieron conocer algo de su familia, sus hermanos creo que casi todos sacerdotes, en fin, era un trayecto que siempre se compensaba al llegar a la parroquia de El Tejar. El se bajaba a abrir el portón, yo me bajaba para cerrarlo. Finamente las hermanitas de San José, que vivían a la par de la parroquia, nos servían un cafecito, un refresco y pan de manteca previo a iniciar el trabajo de supervisión de la construcción. Prepare unos planos constructivos para el proyecto y así se hizo. Se terminaron los mismos y mi familia me acompañó un sábado por la tarde a visitar los trabajos y al Padre, que finamente me dio una carta de agradecimiento por parte del “comité ad hoc”. Aún conservo esa nota, lo que no encuentro es la foto que me tomaron junto a él en la inauguración de la Iglesia.

Los juguetes y ropa que ya no utilizaban mis hijas, las íbamos a dejar por diciembre a las hermanitas de la parroquia de El Tejar, quienes finamente los repartían a los necesitados que ellas ya tenían muy bien detectados. Hubo una época que tenían tantas muñecas “barbies” que las fuimos regalando por el camino, sobre todo a niñas que encontrábamos en carretera. Era una locura, pero con Ana Luz lo pensamos muy bien, la idea era que nuestras hijas se dieran cuenta de la necesidad que había en el país y al mismo tiempo que fueran cuidadosas con los juguetes, porque tarde o temprano pararían en las manos de otras niñas.

El Padre Ignacio después me involucro y hasta la fecha, en una cantidad de oratorios que construyó con los promotores sociales por Chimaltenango y el occidente del país. Recuerdo que llevó a los maestros de obra a la universidad para que les impartiera algunos criterios para estructurar dichos oratorios, que variaban por las medidas de los terrenos. Lo hacíamos los días viernes frente a las oficinas del CAPS en unas aulas pequeñas, pero muy bien acondicionadas. Fue una experiencia maravillosa para mí y me sentía que estaba realmente ayudando a las personas que se ganaban su pan diario con el trabajo de construcción.

Esta relación de cercanía que yo percibía, siempre fue muy especial. Aunque todos estos trabajos fueron hechos “ad honorem” yo me las cobraba, por así decirlo, con confesiones. Bien sabe Dios que esto no podía ser pecado. Así que aquel hombre alto y delgado, con problemas de audio, siempre me recibía sin cita previa en su oficina. Siempre con un saludo y abrazo festivo. Yo siempre con la boca abierta de ver como un santo varón como él me tenía tanto cariño a pesar de mis sombras y miserias. Creo que sus dos colaboradoras siempre se enteraron de mis confesiones, pero a mí no me importaba, lo que yo buscaba era la Gracia de Dios y allí en la oficina del CAPS, la recibía a torrentadas. Él siempre me daba la absolución y el pleito era que no me ponía penitencia, siempre se la tenía que pedir, sobre todo al principio de las primeras confesiones, pero después, siempre me ponía las más suaves que se le podían imaginar. ¿Te imaginas como será Dios de misericordioso? sí un sacerdote como el Padre Ignacio era tan noble poniendo penitencias ¿te imaginas a Dios? El Padre era una persona muy especial, siempre nos despedíamos con un fuerte abrazo y siempre le agradecí que me dedicara su tiempo.

Frecuentemente me llamaba para que le explicara alguna especificación técnica sobre alguno de los materiales de construcción que utilizaba en sus oratorios. Me daba mucho gusto apoyarle en sus proyectos y como no, a tanta gente que ayudaba y que sería beneficiada con estos espacios. Lo último que le trabaje fue la ventaneria de la Iglesia de San Ignacio. Conseguí a un herrero y le dio una buena remozada y se abrieron nuevas ventanas para una mayor circulación de aire. El Padre siempre era muy puntual con el pago a los proveedores y siempre los trabajadores se iban muy agradecidos con él.

Daniel me puso un mensaje que leí hasta la noche del día sábado 8 de julio, el Padre Ignacio había fallecido. Me confieso públicamente, me puse triste, a sabiendas que, si alguien se ha merecido llegar de regreso a la Casa del Padre, era él. El domingo me levanté temprano y pude observar la esquela con la información de su velatorio en el periódico. Como pude me bañe, arregle y desayune lo más pronto que pude. Llegue a las 8:15 de la mañana y después de buscarlo en la iglesia, estaban sus cenizas en el primer nivel del edificio de la parroquia, donde había sido la segunda sede de la universidad del año 1964 hasta la construcción del campus central en zona 16 por los años 1976-1977. Estaba en un aula que queda a la par de las gradas para subir al segundo nivel. A la par de sus cenizas estaba el féretro del Padre Rafael Gama, a quien no tuve la dicha de conocer. Rece dos rosarios y apenas si habíamos tres personas. Pero sus ovejas de El Tejar, Chimaltenango, llegaron en microbuses y fue una alegría interior cuando los jóvenes le cantaron 3 a 4 melodías, que me hicieron pensar que el cariño de la gente no se compra y que bien se tenía merecido el Padre Ignacio este tributo.

Personas de todas clases sociales desfilaron para ver a los padres Gama y Scheifler, muchas rodillas se doblaron, sollozos, lágrimas, rosarios a granel, oraciones y canciones los acompañaron hasta su traslado a la iglesia. La misa de cuerpo presente fue a las 10:00 de la mañana. El Padre Scheifler oficiaba la misa de las 7:30 de la mañana, por lo menos de lunes a viernes, cuando lo visite en algún momento en la Iglesia de San Ignacio de la zona 10. Hubo testimonios muy especiales antes de comenzar la misa, palabras muy sentidas para ambos sacerdotes de la Compañía de Jesús, que hoy gozan, sin lugar a duda de la mejor “Compañía” … la de Jesús. La misa fue muy especial, la celebro Monseñor Gonzalo de Villa, ex rector de la universidad, estaba también el Padre Ricardo Bendaña, SJ y el Padre Marco Tulio Martinez, SJ, actual rector de la universidad y otros sacerdotes que lamentablemente no conocía.

En el video que se edito para la celebración de los 50 años de fundación de la Universidad Rafael Landívar, el padre José Ignacio, decía que, aclaro que no son textuales estas palabras que comparto, pero que más o menos decían así:” me siento realizado, nunca hubiera pensado en lo que ahora veo; estoy muy, muy agradecido a Dios nuestro Señor … y a todas aquellas personas que formaron parte y forman de la directiva, de la academia, de la administración desde los puestos más sencillos a los más elevados, sin ellos …no habría universidad” ó las sabias palabras del padre Antonio Gallo, SJ que decía: “ cuando yo pienso en estos cincuenta años le doy a los demás todo el merito que han tenido, yo solo colaboré…”.

¡Qué nivel de personas, de sacerdotes, de jesuitas! Le doy infinitas gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de compartir con el Padre Ignacio y aunque triste, me tengo que fajar para ganarme el cielo y poder compartir nuevamente con él y con tantos hombres y mujeres de Dios.
¡Duc in altum Padre Scheifler!
¡Duc in altum Padre Gama!

Por: Víctor Leonel Paniagua Tomé
Festividad de San Antonio Nguyen Huu Quynh y San Pedro Nguyen Khac Tu

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