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Reflexión para el Quinto Domingo de Cuaresma

abril 5, 2019
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P. Pedro Jaramillo Rivas.- Pastoral Universitaria Landivariana (PUL)

De lo nuevo y de lo re-vado

En “las cosas de Dios”, como que nos luce recurrir al “siempre se ha hecho así”…Y nos salen costras como pedernales… Difíciles de taladrar… Pero es el mismo Dios quien nos invita a “no recordar lo de antaño y a no pensar en lo antiguo”… Dios está realizando algo nuevo… ¿ni lo notas? Puedes ser de los que piensen que “esto no hay quien lo cambie …” y que hayas perdido toda esperanza… Que estés viviendo una realidad de “desierto” y hasta hayas perdido la noción de camino y que las aguas y ríos se te figuren delirios… “Algo nuevo está brotando…; ¿no lo notan?” Es verdad que no valen los optimistas ingenuos… Pero tampoco valen los pesimistas amargos… El equilibrio no es fácil… y, contra viento y marea, las utopías aún siguen desencadenando reales esperanzas… Una apuesta por “lo nuevo” es una buena manera de abrir esta cuaresma a la Pascua…

“Lo nuevo” requiere de personas inquietas como Pablo… Su opción ya estaba hecha… Y ¡con qué fuerza!… Todo “pérdida”… (“por él lo perdí todo”), más aún, “basura”, comparado con Cristo. El lenguaje es hiperbólico, o sea, pretendidamente exagerado, pero el mensaje es firme: lo que importa es “existir en Él” … ¿Hasta dónde? Hasta poder llegar a decir con verdad: “vivo yo, pero ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí”… (Gal 2,20). Nos falta mucho, pero importante es conocer bien la meta, para saber orientar correctamente los pasos… Que en el seguimiento de Jesús (en ese “existir en Él”), a veces “nos quedamos por las ramas”… Se nos llena la boca de Cristo (El Rey de Reyes, el Señor de Señores, el Emperador de Emperadores…), pero su existencia y la nuestra se mantienen paralelas… Tanto que, a veces, en ningún momento se tocan… ¿Será que tememos contagiarnos de Cristo?… Y con Cristo lo que vale es justamente el contagio: “la comunión en sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos”… Que no nos libramos: se trata de “existir en Él” y no de otras apariencias.

Una carrera, una meta, un premio: “ganar a Cristo”, pero no a base de ley, sino a base de gracia; no a base de puños, sino a base de fe… Y Cristo como “ganancia”…La experiencia de Pablo se debate entre el YA, pero TODAVÍA NO: ha llegado a la meta, pero como si no hubiera llegado; ya posee el premio, pero todavía sigue corriendo, porque aunque Jesús se lo ha entregado, él mismo se considera aún no galardonado… Y todo también en dos momentos: el de LO VIEJO (“olvidándome de lo que queda atrás”) y el de LO NUEVO: (“lanzándome hacia lo que está por delante”)…Y, desde ahí, de nuevo, LA META, el PREMIO. Dios y Cristo Jesús son un premio, un regalo, un galardón…, no una pesadilla ¿Nos animamos a este “lanzamiento”? Es verdad: nos saca de órbita, nos desvía de metas y premios “domesticados”, esos que tenemos al alcance de la mano y que usamos para “ir tirando” …, y nos mete en lo que, por ser tan NUEVO, no está aún estrenado… ¿Te atreves? Hay dos verbos fundamentales: ¡olvidarse y lanzarse! El olvido de todo lo que queda atrás… y el lanzamiento hacia La META (con mayúscula). Todo un programa para “seguir corriendo”.

Seguir corriendo y no vergonzosamente “escurriendo el bulto”, como lo hicieron aquellos prepotentes acusadores de la mujer “sorprendida en flagrante adulterio”. La trampa estaba servida: “según la ley no podía haber misericordia con ella”; había que apedrearla… Pero, las piedras no caen del cielo (Dios no las tira); las tiramos nosotros… Pues, que empiece a tirarlas quien esté libre de pecado… Y, comenzando por los más viejos, se organizó una marcha silenciosa que dejó a la mujer sola, frente a Jesús… “¿nadie te ha condenado?”: “Yo tampoco te condeno”. La razón no fue, sin embargo, la misma. Los primeros no condenaron por vergüenza… Hay que reconocerles, al menos, su honradez (la que, a veces, a nosotros nos falta…). Jesús no condenó, por misericordia…: “Sean misericordiosos como el Padre del Cielo es misericordioso” … ¡Todo un programa!… Y una recomendación: “en adelante, no peques más”… Que pecar es, en el fondo “tirar piedras al propio tejado”… El precepto no es un “capricho” al que irracionalmente hay que someterse. Es una “señal” indicadora de caminos que sí tienen META. ¡Recórrelos sin miedo!

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