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Universidad e Identidad Ignaciana: Elementos y Consecuencias

noviembre 28, 2022
Universidad e Identidad Ignaciana: Elementos y Consecuencias imagen

(Fragmento de ponencia) 

Sr. Alberto Vásquez Tapia
Vicerrector Académico
Universidad Alberto Hurtado de Chile
AUSJAL. Año S/A

EL MODELO SUPONE DIÁLOGO Y PLURALISMO

El diálogo es la manera más eficaz para construir una universidad ignaciana, caracterizada por un clima honesto de respeto y tolerancia entre sus académicos y entre sus estudiantes. Las modalidades dialógicas reflexivas y el tiempo que se destine a ellas, constituyen formas eficaces para compatibilizar las tensiones del pensar distinto. Son un valioso puente entre la fe y la ciencia, entre la ciencia y el humanismo. Mediante el diálogo se pueden abordar de un modo cierto y razonable las complejidades de ser universidad y católica en la sociedad moderna. Dialogar permite que se sientan parte y contribuyan al logro de la misión universitaria los profesores y alumnos no creyentes, los creyentes y los que viven en la duda. 

Diálogo proviene del vocablo logos que significa palabra y del vocablo día que significa entre. Por lo tanto, diálogo consiste en una interacción verbal entre dos o más personas en la cual se intercambian ideas (pensamientos) y afectos (emociones). “Mediante el diálogo se llega a conocer a otra persona y, por ende, a uno mismo. Un diálogo profundo, cristiana y racionalmente inspirado, supone aceptar al otro desde su alteridad como un interlocutor válido, de igual valor y dignidad”[1]. Un diálogo supone que uno ordena sus afectos y pensamientos en función de una recta intención, pero asimismo supone creer sinceramente que el otro también argumenta movido por una recta intención. Sin este factor de confianza entre los interlocutores no existen condiciones de posibilidad para establecer un verdadero diálogo.

En este sentido, diálogo no es una simple conversación. “En una conversación el eje es el tema, en el diálogo el tema son las personas. La conversación requiere de capacidades lingüísticas y expresivas, el diálogo exige entrega de la persona. Una conversación no compromete a los interlocutores, el diálogo deja huellas en los participantes”. La postura de quienes consideran las dimensiones religiosa y ética parte de la producción intelectual, en cualquier ciencia y disciplina, necesita ser correctamente dialogada con quienes piensan distinto. En los ámbitos universitarios este tema debe ser parte de un serio análisis, para que logre ser comprendido, aceptado y respetado. Un buen ejemplo de este tipo de diálogo intelectual entre creyentes y agnósticos, lo constituye el intercambio de cartas que sostuvieron en una revista italiana el Cardenal Carlo Maria Martini y escritor Umberto Eco.[2] 

Pluralismo supone la existencia de cosmovisiones, creencias y valores diferentes. Se usará el vocablo “credos” para facilitar la expresión de estas ideas. Los credos de unos pueden ser coincidentes o diferentes con los credos de otros. Pueden incluso ser contrarios. Los credos que se profesan en el mundo universitario pueden pertenecer al orden de las ciencias, de las religiones o de las ideologías. Lo propio del ambiente universitario es la diversidad de credos. Es de esa diversidad de la cual se nutre la producción intelectual. En la actualidad en muchas universidades católicas, sobre todo en las del primer mundo, lo diverso se ha constituido en un valor. Así, los movimientos en favor de las minorías, de la no discriminación activa han pasado a ser decisivos y se han transformado en criterios y parámetros exigibles para la aprobación de financiamiento para los proyectos académicos. 

¿Cómo establecer un ambiente de diálogo pluralista, en una universidad y católica?. Primero, es básico reafirmar que se trata de diálogo (conforme lo dicho anteriormente) entre intelectuales razonables, dispuestos a construir conocimiento y movidos por una sincera intención de llegar a una verdad. Lo anterior supone que quienes profesan el catolicismo debemos estar convencidos que la fe no es una pura paradoja, ni se agota en el rito religioso. El rito religioso supone una vida espiritual, no la suscita. La fe sólo en cuanto intelectualmente razonable es digna de Dios y del hombre: la fe no teme la razón, sino que la busca y confía en ella” .

En segundo lugar, para que ese diálogo pluralista pueda instalarse es básico que las personas que dialogan tengan claridad acerca de la identidad, el método y las finalidades de sus creencias (teleología). Muchas dificultades para dialogar tienen su raíz en el hecho que los sujetos que interactúan no son capaces de dar razón cabal de sus credos y de los elementos constitutivos del mismo. En esas circunstancias puede darse una conversación donde se intercambian opiniones, pero eso no diálogo.

Supuesto lo anterior, las personas deben estar dispuestas a explicitar y testimoniar su credo y a actuar en coherencia con su creencia y los valores que la sustentan. Para dialogar se requiere de sujetos dispuestos a explicitar sus credos. No existe pluralismo en el silencio, no ocurre si los sujetos ocultan su verdadero pensar y creer. Esta nota puede reflejar en parte lo que ocurre en los ambientes universitarios. A veces en nombre de un supuesto recato en favor del pluralismo se calla la dimensión ética de la intelectualidad. Otras veces, los ambientes resultan amenazadores, lo que lleva a los profesores a sentirse impedidos de decir sus verdades, adoptando la estrategia de expresarse mediante un discurso “políticamente correcto”. 

El pluralismo es una dimensión en construcción permanente, debe ser deseado y procurado. Precisa de hombres y mujeres libres y dispuestos a decir su verdad. Personas dispuestas a aceptar la parcialidad de su verdad, propio de toda verdad humana. A ejercer con racionalidad, sin soberbia y prepotencia, el derecho de libertad de cátedra y expresión y a mostrarse dispuestos a comprender y aprender de los otros. Institucionalmente resulta legítimo que una universidad plantee su credo y espere que los académicos lo conozcan, lo respeten y lo asuman. Asimismo, debe aceptar como legítimo que algunos académicos puedan pensar distinto. 

Académicamente el punto que abraza y comprende a todos es la búsqueda de la verdad. Esta búsqueda de la verdad requiere de una actitud cognoscitiva correcta. Es decir, se trata de buscarla y construirla sin omitir ni eludir, la referencia originaria de la razón humana hacia la verdad. Un diálogo fecundo, pluralista y universitario, será siempre un diálogo en la verdad ejercitado por hombres y mujeres apasionados por la verdad. De esta manera, el pluralismo se transforma en la búsqueda intencionada de la verdad subordinada a claves epistemológicas: ¿qué verdad, qué economía, qué tecnología, qué ciencia? Y teleológicas: ¿al servicio de qué, al servicio de quién?. Un humanismo auténtico hace de la producción intelectual una comunidad. Para algunos será el servir al hombre, su dignidad y su felicidad. Para otros, es servir a ese hombre porque es el hijo predilecto y amado de Dios.  

LAS LÓGICAS DEL MODELO

Este diálogo pluralista necesita ser colocado dentro de un contexto institucional. Para ello es preciso dedicar algunas notas a la necesidad de contar con un modelo. Por “modelo universitario” entiendo la manera de ser y de proceder de una institución de educación superior en función de una misión asumida como propia. Por “misión” se entiende las finalidades que libre y deliberadamente asumen los sujetos de la institución, a la luz de los valores que privilegian, de sus posibilidades y de los desafíos que les presenta su entorno. Esa misión debe ser traducible en modos y prácticas universitarias concretas, pertinentes y verificables. 

Las universidades de la Compañía de Jesús deben comenzar por afirmar que comparten con todas las demás universidades características tales como: a) creación y reflexión de la cultura; b) generación, depuración, transmisión y aplicación de los conocimientos; c) difusión del pensamiento y la producción académica; d) estímulo del aprendizaje reflexivo; e) libertad de cátedra; f) libertad de conciencia; y g) formación de profesionales. En adición a estas características, estas instituciones comparten otras notas que les confieren una identidad propia, por ejemplo: 1) formación integral del hombre y la mujer; 2) cuidado personal de los miembros de sus comunidades; 3) compromiso social, sobre todo con los más pobres; 4) inspiración cristiana; y 5) vida comunitaria    

La tarea consiste en aclarar satisfactoriamente de qué maneras cada una de estas notas especificantes se realiza en relación con cada una de las características de toda universidad[3]. En este sentido, el modelo puede visualizarse como un esquema matricial, consistente en la especificación de tales cruces, su conexión e integración, hasta formular el estilo peculiar de ser y hacer universidad, en ese tiempo y en ese país.

Realizar esta tarea implica un ejercicio colectivo, informado y reflexivo de lectura de los actuales signos de los tiempos, de re-lectura de los mismos a la luz de los esquemas cognitivos y valorales sustentados, para significarlos en el marco de las prácticas universitarias. Esos esfuerzos precisan de todos los actores universitarios para generar un resultado de alto nivel, posible de alcanzar cuando se conjuntan, en pro de una tarea común, la inteligencia académica, apostólica y social que existe entre los sujetos que pertenecen a las universidades católicas. 

El énfasis debe ser puesto en el proceso, más que en el producto (el texto); en la significación, más que en la declaración (los términos); en lo esencial, más que en lo coyuntural (las estructuras operativas); en la dinámica integradora de sus lógicas, más que en los elementos que lo componen; en las orientaciones fundamentales, más que en los medios propios de la acción (estrategias y métodos).

Debe atenderse que en estos ambientes universitarios subsisten diversas lógicas. Por lógica entiendo un modo de aproximación a una realidad, impregnado de una racionalidad particular y de una teleología específica. Así, la Orden Jesuita en sus congregaciones generales analiza los signos de los tiempos, los significa, discierne, y a la luz de ese marco ético, espiritual y religioso toma decisiones relativas a los énfasis que deberán impregnarse en sus obras educativas, para conseguir determinados fines. Esas opciones y énfasis obedecen a una “lógica apostólica” dirigidas al sector del trabajo intelectual y educacional, que deben ser debidamente considerada en sus universidades. 

También existe en estas universidades una “lógica académica” que determina los modos de planear, organizar y producir investigación, docencia y extensión. Mediante esta lógica, por ejemplo, en un departamento determinado, una comunidad de profesores basada en sus ciencias, sus valores y en función de un objeto de estudio, analiza las posibilidades de prácticas académicas a ser desarrolladas. Toma decisiones para articular y generar programas y servicios educativos, procurando satisfacer determinados objetivos y finalidades.

Ambas lógicas pueden no ser necesariamente coincidentes, sobre todo porque una está iluminada por criterios del orden eclesial, y la otra por criterios del orden científico.  Pero tampoco puede afirmarse, a priori, que esas lógicas sean excluyentes. Ciertamente no resultan contradictorias si ambos casos se sigue un proceso semejante, los valores son similares y ambas están dirigidas al servicio del hombre y de la sociedad. 

Es preciso enfatizar que ese modelo debe reconocer que ambas lógicas son componentes constitutivos del mismo, debe hacerlas dialogar, integrarlas y traducirlas en procesos de institucionalización, para que sus objetivos y finalidades se verifiquen en las prácticas universitarias. Para que ello ocurra no debe cometerse el error de intentar imponer una encima de la otra, tampoco de mantenerlas en líneas paralelas, ni localizarlas en instancias organizativas diferentes. No es asunto de jerarquías, ni de territorios. Se trata de algo más hondo y dinámico. Cuando una se impone y anula a la otra, se acaba el modelo, se pone en riesgo la posibilidad de construir el proyecto de universidad ignaciana. 

Para leer la primera parte de la nota, puede dar clic en el siguiente enlace: https://principal.url.edu.gt/noticias/universidad-e-identidad-ignaciana-elementos-y-consecuencias-2/


[1] Informe ETHOS Nº 8. Centro de Ética, Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, 2000. 5 Idem.

[2] Ecco, Umberto y Martini, Carlo Maria. ¿En que creen los que no creen?. Taurus, México, 1997. 7 La universidad por un nuevo humanismo: El jubileo de los universitarios. Congregación para la Educación Católica, Roma, 2000.

[3] Documentos de trabajo de la Comisión para el Modelo Ignaciano, del Sistema UIA-ITESO, México, 1996

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