Dejarnos llevar es una osadía, discernimiento en común y planificación apostólitica: análisis y propuestas

Preludio

Dejarnos llevar es una osadía

Hace ya treinta y dos años me «atreví» a escribir un artículo sobre el discernimiento ignaciano: La osadía de dejarse llevar. En ese entonces, me parecía una «osadía» meterme en una tarea que no se me hacía fácil, ya que consideraba que esto era para personas iniciadas en esos temas de espiritualidad profunda. Ese texto sin embargo, vio la luz y se fue conociendo en varias partes del mundo, sobre todo en América Latina.

Ahora, con el paso del tiempo, me animo a escribir algo que de alguna manera complementa y enriquece, por decirlo así, lo escrito entonces.

Lo nuevo es que se ha introducido el «plural» en dejar. No es, entonces, un yo solitario quien tiene que arriesgarse a vivir una experiencia, sino una comunidad, un grupo, el que es convocado a vivir desafíos profundos, retomando así material, experiencias y conocimientos nuevos de la vida. Nos vamos dando cuenta, entonces, que la osadía no es algo únicamente personal; la osadía es un reto común que se vive en grupo, en caravana, en conjunto. De allí brota su fuerza.

De alguna manera, el texto que ofrecemos hoy quiere ser la continuación de lo expuesto en ese entonces, poniéndolo al día en algunos aspectos que no habían sido tocados en esa primera cosecha.

Cabe notar que la palabra «osadía» sigue teniendo vigencia, porque mientras más se va adentrando uno en los vericuetos de la vida espiritual, se van presentando aspectos y retos nuevos. El plural del verbo con que se presenta ahora el artículo implica la comunidad, el grupo y quiere hacer ver que ese reto espiritual se vive en plenitud, cuando se vive en comunidad.

El discernimiento ignaciano tiene varias tipologías. Estas tienen principios convergentes, pero metodologías distintas. En este documento hacemos énfasis en el discernimiento apostólico; o sea, aquel que hace un sujeto colectivo cuyo objetivo es el Reinado de Dios. Por eso trata del discernimiento ignaciano que supone profundización y respeto a las «reglas de discreción de espíritus», como las llamara Ignacio de Loyola.

Vemos con preocupación que hay una tendencia a llamar discernimiento en común a cualquier reflexión que trata temas estratégicos. Como nos señala el padre general Arturo Sosa. S. J., no toda decisión requiere de discernimiento en común. Nuestro trabajo, nuestras obras, requieren frecuentemente cotejar si lo que hacemos nos lleva a lo de Dios. Ello no necesariamente requiere de un «discernimiento en común», y por eso proponemos también ahora, la figura de la reflexión discernida.

Este escrito consta de dos partes. La primera, titulada «El llamado de la Compañía de Jesús a trabajar discernidamente»versa sobre los antecedentes del discernimiento comunitario en la Compañía. Luego, en la segunda parte, «Osando dejarnos llevar», se aborda la explicación de la vigencia que tiene en la actualidad el discernimiento comunitario, la práctica de la «reflexión discernida» y su vinculación con la planificación apostólica.

Hace más de treinta años encontré que todas las personas tenemos la necesidad de descubrir nuestro manantial como también entender nuestra parte herida, que es la que nos hace muchas malas pasadas; o como dice Ignacio, «nos ataca con sus engaños manifiestos y sus falsas razones». El manantial, por su parte, es algo que no se estanca y puede crecer.

La novedad que ahora presentamos, es la noción de preparación remota, que, de forma similar al discernimiento personal, implica trabajar la parte herida y encontrar el manantial del sujeto comunitario. Si ello no se hace, se afectará el discernimiento de la comunidad, la obra, el apostolado. Acá también aplica aquello de «principios convergentes y metodologías distintas». Tomando en cuenta que el sujeto colectivo se constituye de personas, y que la parte herida es causada tanto por las relaciones entre sus miembros como en su devenir histórico remoto, esta preparación previa se trabaja auxiliada con la adaptación de herramientas y métodos de la psicología social, sociología, los estudios de paz, teología y espiritualidad.

El discernimiento en común sigue los pasos clásicos propuestos por diversos autores. Se escoge la materia sobre lo que se quiere discernir; se van decantando las razones, los pros y los contras, fijándose en dos cosas: lo que con la inteligencia parece de Dios —en el plano puramente humano— sin darle mucha vuelta,  y lo contrario, lo que tiene cosas que parecen del mal. Una vez plasmado lo que la razón juzga, en segundo momento, lo que se analiza es aquello que se me suscita en el corazón y en el cuerpo como sensor muy preciso.

Se descubre que el discernimiento puede tener varios modelos, que en la práctica muestran en su conjunto una gran versatilidad. Una expresión del discernimiento es el proponerse una disyuntiva que puede ser presentada ante la comunidad. Se exponen los pros y contras de cada una de las opciones y se va decantando el proceso, expresando las mociones que suscita Dios y lo que parece acción del mal espíritu. El hecho de realizar este ejercicio de manera comunitaria, enriquece la visión de los participantes y fortalece el cuerpo apostólico y el cuerpo personal.

En el momento de realizar las elecciones que nos conducen a lo de Dios, entra en juego la planificación apostólica. Es así que la planificación se constituye en un proceso que operativiza, concreta y retroalimenta las elecciones del discernimiento. Visto así, la planificación es un proceso subordinado al discernimiento, que le provee de datos sistematizados y analíticos para el examen. La planificación no es entonces un proceso autónomo ni complementario al discernimiento en común. Además, indicamos la importancia de trabajar por resultados, contra trabajar por actividades. El efecto de esta forma de trabajo es que pasa a entender que el objeto de nuestra actividad no es «hacer» sino «lograr». Ahí se nota que perseguimos los frutos.

Lo más comúnmente practicado es lo que ahora estamos llamando reflexión discernida, que, como ya indicamos, nos permite actuar en momentos clave, poniendo nuestra misión, la moción principal por donde nos lleva Dios —nuestra consigna y revisando las elecciones que hacemos en el discernimiento en común.

Elaboramos este documento con el objeto de aportar a la discusión y debate, recogiendo la orientación de la Congregación General 36 y del padre general Sosa. En estos momentos de la historia de la humanidad, donde tantas sombras y oscuridades se ciernen sobre su futuro y el del planeta, el llamado a trabajar discernidamente cobra más vigencia y puede aportar luz para alcanzar el reinado de Dios en la tierra.

Carlos Cabarrús, S. J.

Julio 2018


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